Como aprender ingles

Las gafas de sol

Hoy un crío me ha pedido que le dibujara un cordero. Al principio he alucinado porque en el parque a esa hora no suele haber un alma, y que un renacuajo se acerque al banco que tú discretamente has colonizado para garabatear en tu cuaderno, de primeras, créeme que impresiona; más aún si el niño es rubio, tiene el pelo rizado y en el cuello lleva enrollada una bufanda de vuelta y media. Porque hasta donde yo sé ese personaje es de cuento.
– ¿De verdad quieres que te dibuje un Las gafas de sol?
– Sí, por favor.

Emocionadísimo y convencido de que mi vida es un precioso poema que a la primera de cambio me regala semejante bellísima referencia literaria, me he puesto a dibujar su “cordero”. Pero el niño no ha resultado ser ni tan de cuento ni tan de otro planeta sino, por el contrario, muy del nuestro, y en cuanto ha visto el papel que le he puesto en las manos me ha soltado un “¿esto qué es?” que bien rápido ha derrumbado mi maravillosa escena.
– Pues eso es un cordero – le he dicho yo.
– Pero si esto es una caja.
– Bueno, es que el cordero está dentro.
– ¿Dentro?
– Sí.
– ¿Lo has encerrado en una caja?
– Sí… Bueno, no. Es que el cordero vive Enlace.

Cuando el niño, boquiabierto, ha hundido los ojos en el papel no sé si para buscar un cordero o el significado a semejante Gafas de sol, yo he empezado a ponerme nervioso, más al ver que el niño, en vez de sentido, parecía haber encontrado razones de sobra para denunciarme a cualquier protectora de animales.
– ¿Cómo has podido encerrarlo?
– No, no… Yo sólo…
– Es horrible.
– Escucha, yo sólo lo he metido en una caja para que te lo imagines.
– Pobre cordero.
– Pero si la caja tiene agujeros, para que respire, y le puedas dar de comer…
– Vaya vida más triste…
– Anda, ¿qué dices?, si te he dibujado un cordero superfeliz.
– Señor, está usted loco.
– Pero bueno, chico, échale un poco de imaginación.