Como aprender ingles

Musica gratuita

Demasiados cuentos de príncipes azules, demasiados finales felices en televisión. Mis padres que se quieren como el primer día y yo que inconscientemente quizás andaba buscando eso.

Pantalones que se desabrochan y caen al suelo, un tatuaje azul en un gemelo que no puedo dejar de acariciar, una camiseta que se pierde entre las sábanas. Pantalones que sólo desabrochan los primeros botones, camisas que se desabrochan pero no se quitan, estúpida moral que me grita ¡no te quites la ropa!
Deseo que hace su aparición por vez primera. Musica gratuita moral que me grita ¡que no te toque las tetas!
Un acuerdo tácito de no pasar de los besos, un acuerdo implícito de no hacer nada que yo no hubiese hecho antes. Una polla que va por libre y decide crecer por su cuenta y riesgo. Mis pensamientos a cien por hora ¿y ahora qué hago con eso?
Un instinto que me hace subirme encima y moverme sobre ella. Una respiración que me dice que no lo estoy haciendo del todo fuente.

Unas manos que me agarran el culo indicándome cómo podría hacerlo mejor. Un corazón que late a doscientos por hora por primera vez en la vida.

Un par de fotos en la cama revuelta y otra en el baño. Fotos de las que hago copias por si un día rompo en mil pedazos.

Los primeros rayos de luz que entran por la ventana. La incertidumbre que nos pregunta cuantas horas llevamos allí, la sangre de los labios que nos dice “un buen rato”, la erupción roja de mi barbilla que me dice “demasiado”, las ganas de seguir que gritan “aún no hemos empezado”. Cierto profesor que aporrea la puerta.

Recuerdo una mezcla de confusión y euforia. El más duro aterrizaje en la realidad que sufrí jamás, la desidia y la apatía del resto del día, el subidón de la noche, dar esquinazo y volvernos al hotel.

El gas de una tónica, el humo de un peta, el sabor de un chicle de menta, la condensación de una habitación en que dos personas se besan durante horas. El aire frío de febrero cuando abrimos la ventana, el calor de mis papos rojos. El sudor del pelo.

Una mirada indefinida que no se que quiere decir, unas palabras vacías que sonaban mucho mejor en la cabeza, unas preguntas estúpidas para las que no tengo respuesta, unas explicaciones que nunca pedí y unas excusas que atentaban contra el romanticismo.