Como aprender ingles

Plantas de interior

Los Papalagi o también llamado los hombres blancos, es un libro el cual recoge varios discursos de Tuiavii de Tivea, jefe Samoano, después de su viaje a Europa.

En la portada misma del libro puedes observar que es el primer documento antiglobalización de la historia de la Plantas de interior.

Aún no he terminado de leerlo, me queda muy poquito, pero quería compartir un pequeñito fragmento que me ha llamado mucho la fuente:

“[...] Como los cuerpos de las mujeres y muchachas están siempre cubiertos, vive dentro de los hombres el profundo deseo de ver su carne. Algo que uno puede muy bien imaginar. Tienen eso en su mente día y noche, y hablan mucho del cuerpo femenino de tal modo que vosotros [los samoanos] pensaríais cómo una cosa tan bella y natural puede ser pecado y debe esconderse en la oscuridad. Sólo si empezaran a enseñar esa carne podrían centrar su atención en otras cosas y sus ojos cesarían de murmurar palabras sucias cuando pasa una chica.”

¿Puede ser cierta esta afirmación?

La luna no me habla

Sigo peleada con tu reflejo, mis noches dejaron de ser hermosas para pasar a ser un momento de transición en el que mi cuerpo duerme para poder seguir abriendo los ojos un día tras otro.
¿Qué hice mal? ¿Por qué me tratas así?

Guardé tus secretos, te escuchaba mientras me concedías el privilegio de observar tu belleza… hasta tocarte una noche me dejaste.

Testigo de mis amores, de mis tristezas, de mis pasiones… y ahora me has abandonado.

Ni el mar me dirige la palabra.
El único que me acaricia es el sol, pero él sabe que yo sigo enamorada de ti, de tu hermosura blanca… vuelve a mi luna, vuelve a mí.

Cada noche sigo sentándome en el balcón a esperarte, viejas costumbres que pocas veces he dejado de cumplir…

Dime que puedo hacer para obtener tu perdón..por favor, me estoy muriendo.

Papel en blanco
Un papel en blanco, quizás puedas escribir tu obra maestra en él, quizás puedas desahogar tus sentimientos, plasmar tus sueños, tus ilusiones… pero no, es sólo una hoja de papel en blanco.

Miras las esquinas, su color, hasta te mareas de tanta pureza.
Piensas que no hay razones para manchar con la tinta de tu bolígrafo su inmaculada estética, es tan bonita la hoja así, tal cual está.

De repente los remordimientos de conciencia abordan tu cabeza, ¿Cuántas hojas has manchado con tus indiferentes letras? Entonces es el momento en el que decides que no volverás a pecar, no volverás a rozar ni tan si quiera con tu puño un bolígrafo o lápiz… no es justo ni para esa blancura ni para tus pensamientos.