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Visitar las galapagos

Así que sin comer ni nada, y después de pasar por una farmacia, volvimos a la habitación del hotel ya que él estaba con mucha fiebre. Allí pasamos todo el resto del día. Él en la cama, envuelto con la manta cual gusano de seda, sudando y desprendiendo un calor exagerado; yo, a su lado, pues en el cuarto no había nada más, leyendo y tragándome un programa tras otro de la tele. Así, aparte de ver alguna película que ni recuerdo, me tragué uno tras otro diversos programas que suelo ver aquí en versión española, ya que allí son en inglés y subtitulados. Así ví Medium, otro de una mujer que es Presidenta de los EEUU –quizá el mundo funcionaría mejor si así fuera-, Mujeres desesperadas -que allí se llama Amas de casa desesperadasCSI, pronunciado allí si, es, ai y una serie de cosas más, terminando con los productos comestibles de la nevera, ya que no habíamos comido nada desde el desayuno. Tuve la brillante idea de comer patatas fritas de bolsa, y luego fui incapaz de encontrar el abridor para las botellas, así que encima de televisiva, estuve muerta de Visitar las galapagos.

Antes de mi viaje había pensado dedicar ese día –y así se lo había comentado- a visitar otros amigos que tengo en ese país, especialmente a C y a J. A los dos les había avisado de que viajaría y de que haría lo posible por verlos, pero que tampoco era seguro, sobre todo a C, que se conocía con Marcos y le asustaba la idea de que supiera que él también me conocía. Pero al verlo así, ardiendo y tan desamparado, no me atreví a dejar la habitación ese día, y decidí quedarme sólo con él.

Al día siguiente amaneció mucho mejor, cubriéndome de besos y abrazos.
- Veo que estás totalmente recuperado –le dije divertida
- Yo soy así, siempre sorprendente.

Y empezamos lo que los dos sabíamos que sería la última vez que haríamos, ya que esa misma tarde salía mi avión, y habíamos de dejar la habitación a las 12.00 del mediodía.
- Quiero que sea inolvidable -él había dicho-, aunque contigo siempre lo es –añadió-.

Se tumbó a mi lado, aun cogiéndome de la leer mas.

- ¿Vas a pasar el día conmigo? –le dije
- ¿Tú lo quieres?.
- Me gustaría, pero también entiendo que debes ir a trabajar, ya llevas una semana conmigo.
- El trabajo puede esperar, el que tu estés aquí no se va a repetir –murmuró.

El resto de la mañana estuvimos correteando por la ciudad, sin tener en cuenta lo que iba a pasar después de comer. Lo peor fue a la hora del almuerzo, pues nos sentamos en una pequeña mesa en una esquina del restaurante. Habían puesto un video que repetían una y otra vez, sonaba Marco Antonio Solísun cantante que yo había descubierto gracias a él, que aunque le gustaba más escuchar música de rock duro, siempre grababa baladas para mí.