Como aprender ingles

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Pero no, el día 2 de enero ya era otra vez como el 30 de diciembre, volvían a abrir las tiendas, volvían al trabajo, volvían los problemas y las discusiones, volvíamos a mirar la tele, los periódicos y el mundo seguía igual, y yo, que me resisto a perder la niña que llevo dentro, sigo preguntándome que qué pasa esa mágica noche que no podamos retener un poco más, alargar unos días más, mantener ese espíritu al menos unos ratitos al día, todo el año, por qué en seguida olvidamos que somos capaces de ponernos esos gorritos, gastar esas bromas y no enfadarnos, si somos capaces de hacerlo un día porque es costumbre, porque nos da la gana, por qué no podemos hacerlo un poquito cada día, sin ser irresponsables, sin desatender nada, sin faltar al deber… porque sí, porque nos da la gana, porque lo tenemos dentro y lo queremos Diseño web Diseño web profesional..
Cuando era pequeñita buscaba esa explicación al inexplicable comportamiento de mis mayores ante las campanadas de año nuevo, por qué se volvían locos a brindar y a besarse al sonar la última, por qué se ponían gorritos ridículos y matasuegras, por qué tirábamos un cohete sorpresa que nos llenaba de confettis y serpentinas, por qué nos gastábamos bromas, tan serios ellos, de ordinario, y tan desmelenados ahora. Me pierdo algo, decía, pasa algo y no lo he notado, hay que estar más atenta, y al año siguiente casi ni respiraba para notar cómo llegaba el año nuevo y se iba el viejo, con tanta alegría y jarana, pero no, nada, no se nota nadita de nada, salvo que a mi abuela parecía no importarle que se pusiera todo perdido, mi padre no se enfadaba porque siempre intentara colársela con un cigarrillo de petardo, que a mi tía le pusiera siempre una ranita en la ensalada y siempre hiciera como que le asustaba. Yo creía que iba a ser siempre así ya para siempre, que habíamos cambiado, que pasaba algo aunque nunca lo noté..
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